Puertas, Códigos y Mantras

Puertas Codigos y Mantras

La creación de lazos de complicidad y, por tanto, de empatía, entre el lector y el autor y, por tanto, entre el lector y la obra, tiene uno de sus más firmes valores en la inclusión de expresiones recurrentes que, en algún momento, estuvieron cifradas.

En muchas ocasiones estas expresiones recurrentes son reflejo de una escena del pasado que obsesiona al personaje y suelen escribirse entre paréntesis o en cursiva. Actualmente eso no parece tan necesario, aunque esta decisión suele tomarse en función de la naturaleza de la expresión, si es una reflexión intuitiva o quizá obsesiva, o si es un pensamiento claro o una metáfora tan sólo usada por el autor y no por sus personajes. El autor poco a poco nos va dando información acerca de ese párrafo que se va repitiendo, quizá añadiendo cada vez una pizca más de información, hasta que averiguamos su significado y, si persiste, entonces se transforma en una cantinela, un mantra, que el lector también puede tararear.

Si acaba ahí y no su repite como recurso, podríamos decir que se trataba de la puerta (a un conocimiento que ya se ha abierto). En otras ocasiones la explicación es inmediata y total. Esto no sólo depende de la intención de la autor sino también de su capacidad.

En la creación de novela moderna, cuando se pretende escribir un best seller, no se usan códigos que se transformen en mantras; se usan códigos que resultaron ser puertas, porque la experiencia lectora actual no busca tanto el lazo empático como la recompensa intelectual cómoda de haber resuelto un pequeño interrogante. Con lo cual, entre el lector y el autor, en lugar de establecerse un vínculo emotivo perdurable e incluso trascendente a la vida real, se establece un escarceo de egos momentáneo que produce un grado de adicción muy notable, pero también momentáneo, mientras dura el juego de preguntas y respuestas.

Muy acorde con nuestro aséptico entorno.

Hay autores modernos, sin embargo, que crean códigos que derivan en mantras y que son precisamente su marca de autor, como es el caso de Chuck Pallaniuk. Aún años después de leer Diario, no puedes olvidar que todo lo que hacemos es un diario de nosotros, porque lo dijo Pallaniuck mucha veces, y lo dijo con acierto. No puedes olvidar que el blanco hueso, en la pintura, se obtiene de los huesos. Pallaniuk ha creado el lazo empático que sólo sirve para lectores que quieren sentir y que suele estorbar a lectores que se quieren entretener.

Uno de los dinosaurios que domina la técnica (cuando es él quien que realmente escribe los libros que firma, no seré yo el que lo juzgue, cada negro es un parado menos…) es Stephen King. Stephen King no pierde demasiado tiempo con códigos que van a ser tan sólo puertas, sino que el código lo transforma rápidamente en un mantra que va a tener al lector jodido y que seguramente va a recordar mientras viva.

Cuando Stephen King quiere describir lo que está sintiendo un personaje que sufre los efectos secundarios de un poder mental (Ojos de fuego), escribe que siempre le viene olor a naranjas (y todo el mundo sabe a qué huelen las naranjas) y representa el miedo al dolor como la sensación de que los caballos salvajes se están acercando a la cabeza del protagonista (todo el que ha sufrido de jaquecas, empatiza con el personaje inmediatamente) y mantiene el código y el mantra durante toda la obra.

Si hubiese que dar puntos del 1 al 10 para valorar una obra, joder, para mí el uso adecuado de los mantras garantiza un par de puntos.

Hacerse el muerto

Hacerse el muerto

Felisa Moreno

Me gusta hacerme el muerto. Cruzar los brazos sobre el pecho y poner una pierna sobre otra, quedarme quieto, inmóvil. Acompasar los latidos de mi corazón a una respiración lenta y tenue. Imagino lo que harían los dos si me descubrieran en este preciso instante, cesarían en la pelea, en los gritos. Me mirarían atónitos y pensarían, ya está, se ha muerto el viejo. Ella dejaría escapar una lágrima hipócrita, él me acercaría un espejo a la boca para asegurarse de que mis pulmones ya no respiran, mi sobrino siempre ha sido muy práctico.

Después organizarían el entierro, el más barato, un ataúd de pino y una corona de margaritas blancas, he visto la oferta en la funeraria. Me gusta pasarme por allí de vez en cuando y mirar el precio de los funerales de saldo. Pero lo que más me gusta, con lo que más disfruto, es cuando imagino sus caras de comadrejas leyendo el testamento, no saben que he cambiado el que firmé delante de ellos, donde les cedía todos mis bienes a cambio de que me cuidaran el resto de mi vida. De eso hace más de veinte años y todavía, a pesar de mi postura, no me he muerto…, ni tengo intención de hacerlo.

El Político Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa Politico
La pasión de Vargas – Llosa por la política arranca de muy joven, de cuando siendo estudiante universitario en Perú decide hacerse miembro del Partido Comunista Peruano a mediados de los años 50 del pasado siglo. Ser comunista en el Perú de esa época no era un buen negocio teniendo en cuenta las asonadas militares constantes que asolaban el cono sur americano, máxime cuando dichos golpes de estado estaban patrocinado con por Washington.

La pulsión política de Mario Vargas – Llosa es fácilmente perceptible en toda su obra, que a la par de dimensión estética también tiene una dimensión política y social. Basta recorrer las páginas de cada uno de sus libros para darse cuenta que en cada historia el autor hace una apuesta política a la hora de plantear personajes y situaciones.

Inclusive alguno de sus libros, La guerra del fin del Mundo, son una completa exégesis de su teoría política, que desde ese comunismo inicial de sus años mozos paso por ser un democristiano de manual para en sus últimos años convertirse en un conservador a ultranza que no tiene pábulo en defender el neoliberalismo más extremo en un contienen como el americano en el cual ese tipo de recetas lo único que han traído han sido más hambre y más miseria.

Su primera y única participación como candidato en una justa política se llevó a cabo en su país natal, Perú, de la mano de una coalición de partidos políticos de poco recorrido como fue el Frente Democrático, más conocido por su acrónimo, FREDEMO.

Esta coalición de partidos se formó en el año 1988 por los partidos Movimiento Libertad, Acción Popular y Partido Popular Cristiano de los cuales solo sobrevive políticamente ese último.

El FREDEMO participó en dos elecciones, la que se llevó a cabo en el año 1989 y la que se desarrolló durante las elecciones generales de 1990 y que tuvo como candidato a la presidencia de
la república al propio Vargas – Llosa.

Para entender el nacimiento del FREDEMO es necesario contextualizar su eclosión en un Perú que en la década de los años 80 del pasado siglo sufría una crisis económica de grandes proporciones. Es en este contexto cuando se forma la coalición entre dos partidos políticos ya existentes – Acción Popular y el Partido Popular Cristiano – y un movimiento, Libertad, que había
surgido alrededor del Nobel peruano.

Uno de los rasgos más novedosos del FREDEMO es que la mayor parte de sus candidatos eran relativamente jóvenes y no la gerontocracia que hasta ese momento había dominado el espectro político peruano. Gracias a la merecida fama que de intelectual y escrito de éxito ya tenía Mario Vargas – Llosa, en torno a FREDEMO se alineó lo más granado de la intelectualidad peruana y personas acomodadas.

En las elecciones generales del año 1990 en las que Vargas – Llosa se presenta a la Presidencia de la República, tiene que competir con Alberto Fujimori, favorito a fin y a la postre y que acabó invistiéndose la banda de presidente.

Aunque en la primera vuelta Vargas – Llosa fue el candidato más votado, en la segunda y definitiva fue Alberto Fujimori el que obtuvo más votos y finalmente la presidencia de la república.
Esta fue la fugaz aventura del FREDEMO y el fugaz paso de Vargas – Llosa por la política peruana. Tras haber perdido las elecciones FREDEMO se disolvió mientras Acción Popular y el Partido Popular Cristiano volvían, esta vez por separado, a la arena política. De esta aventura política no salió indemne Vargas Llosa ya que a consecuencia de la persecución que sufrió por parte del gobierno de Alberto Fujimori, y a punto de perder la nacionalidad peruana, el Gobierno de España le concede la nacionalidad española.

Como buen literato que es, Mario Vargas Llosa describe en El pez en el agua su corta peripecia como político profesional en su país natal y que prácticamente le obligó a exilarse del Perú para residir, por temporadas, a caballo entre el Reino Unido y España, en dónde tiene su residencia legal.

En lo que respecta a sus ideas políticas, decir ideología sería quizás demasiado, y en concreto a las ideas políticas que tiene para Latinoamérica siempre se ha posicionado a favor de la libertad y en contra del autoritarismo y de las dictaduras – de todo tipo y condición – que se han producido en ese continente endémico en asonadas golpista.

Tanto para entre sus coetáneos como para los personajes históricos no ha tenido muchas palabras de aliento para aquellos que han sentado sus reales en el continente mediante conquistas o mediante regímenes políticos despóticos y dictatoriales. Vargas Llosa no ha tenido pábulo, hasta no dejar títere con cabeza, de criticar desde Cristóbal Colón hasta los hermanos Fidel Castro, desde Hugo Chávez hasta Evo Morales o la situación política en Nicaragua.

Los amplios conocimientos históricos y políticos que tiene del continente unido a su maestría a la hora de escribir, ha hecho que en geniales artículos desmenuce y haga comprensible cada hito político que se produce en Latinoamérica: escándalos, atropellos a los derechos políticos o civiles, atentados contra los derechos humanos. muchos de esos artículos han sido publicados en forma de libro en Sables y Utopías. Visiones de América Latina, en la cual aparecen interpretados a partir de sus ideas políticas y estéticas, una buena parte de los acontecimientos políticos más importantes de las últimas décadas en Iberoamérica.

La Ciudad Enmascarada

La Ciudad Enmascarada

Título: La Ciudad Enmascarada
Autor: Rafael Marín
Portada: María Delgado / Grupo Ajec
Precio: 16,95 €
Tamaño: 23×16 Cm
Páginas: 304

LA CIUDAD ENMASCARADA

RAFAEL MARÍN

Rafael Marín vuelve a la novela después de cinco años de silencio con un título llamado a convertirse en una de las grandes obras de esta temporada: La Ciudad Enmascarada.

Con un ritmo narrativo pausado y sólido, que puede resultar un tanto dificultoso al principio de la lectura pero que se revela posteriormente como fundamental para dar solidez al complicado cuadro lleno de matices que compone La Ciudad Enmascarda, la trama logra atrapa al lector, llevándole de la intriga inicial, al misterio y fascinación por descubrir el mundo fantástico y terrorífico que se adivina al final del camino.

Las máscaras a que hace referencia el título quedan claramente al descubierto al comprobar las múltiples capas que componen la personalidad de cada uno de los numerosos personajes que, poco a poco, irán revelando su lado más oscuro y oculto al lector.

Pero, entre todos los protagonistas, destaca uno por encima del resto: la propia ciudad de Cadiz. Y es que, en esta obra Rafael Marín ha utilizado un recurso que, aunque no es nuevo si es extremadamente complejo de llevar a cabo con solvencia, que es lograr que la propia ambientación de la historia, la ciudad de Cadiz, se convierta también en uno más de los personajes y en este caso también en absoluto protagonista.

Con claras reminiscencias a Lovecraft, al que se le hacen múltiples guiños a modo de homenaje durante la narración, la trama se cimenta sobre una excelente caracterización de los personajes protagonistas y una ambientación sobresaliente en una ciudad de Cádiz, que resulta sorprendente y a la vez extremadamente realista en todos y cada uno de sus detalles. Cádiz se nos revela como una auténtica ciudad enmascarada que esconde bajo su fachada otra ciudad antigua, oculta y oscura que, aunque puede resultar aterradora, también es fascinante y misteriosa.

La Ciudad Enmascarada es, sin duda, una obra altamente recomendable que, aunque puede ser un tanto difícil de seguir en sus primeros compases, consigue crear una atmósfera fantástica y a la vez realista que no defraudará a ningun amante de la literatura de calidad

Piernas de Bailarina

Piernas de Bailarina

Felisa Moreno

Tú siempre me decías que tenía piernas de bailarina y yo te creía, aunque no fuera capaz de hilvanar dos pasos correctos cuando salíamos a bailar. Recorrías mi muslo con tu dedo corazón. Se deslizaba como la plancha sobre las prendas que yo cosía en el taller clandestino.

Contemplábamos el reflejo sucio de la luna en el río que nos separaba del paraíso. Al otro lado estaba la ciudad de los hombres de bien. A esta orilla nosotros y nuestros sueños, aún intactos.Cada noche me prometías la luna y yo te creía, olvidaba que nuestro satélite es gris y oscuro, que su luz es prestada. Yo era como la luna, vivía de la luz que tú derrochabas sobre mí.Caminábamos entre los cascotes de nuestra ciudad rota, me acompañabas a la fábrica para darme un beso antes de entrar. Nunca entendía lo que habías visto en mí, ni nadie en el barrio. Tú eras el más guapo y yo un patito feo con gafas y aparato en los dientes. Te convertiré en un cisne para mí y yo te creía, porque siempre pensé que eras un mago y que a tu lado todo era posible. Luego a paso a recogerte en el Mercedes, era tu frase de despedida favorita, aunque los dos sabíamos que con un sueldo de camarero no te alcanzaba ni para la estrella de tres puntas.

Todo cambió cuando la conociste. Era muy popular en el barrio pero yo tenía la esperanza de que nunca coquetearías con Ella. Tú no, me querías demasiado. No fui consciente de su fuerza, de su poder. Quise creerte cada vez que me prometiste que la abandonarías, pero poco a poco fui perdiendo mi fe en ti.

Un día viniste a recogerme con el Mercedes y supe que era el fin, que nunca la dejarías, te había dado lo que más deseabas, lo que yo nunca te podría ofrecer. Me alejé de ti, tropezando con mis piernas rotas de bailarina, largas e inútiles.

Una tarde, muchos años después, vi el luto en las ropas de tu madre. Se acercó con su cuerpecillo de insecto, negro y enjuto. No hizo falta que me dijera nada, sus ojos hablaban de ti. Lloramos abrazadas y la maldije a Ella, la Reina del barrio, que seguía colándose por las venas de sus súbditos, lenta y cruel.

Narco literatura, la literatura teñida de rojo sangre

Narco literatura

Basta visitar la edición online de cualquier periódico mexicano o incluso ver un telediario español – muchas de las noticias de matanzas perpetradas por los sicarios del narco saltan a la cabecera – para comprender que México se ha convertido en un Polvorín a punto de estallar.

La tan cacareada lucha integral contra el narcotráfico – se ha involucrado al ejército de aquel país en la lucha – del presidente Vicente Calderón se ha convertido en un vórtice sangriento en el que se mezclan y superponen asesinatos de adolescentes, decapitaciones de braceros, balaceras entre sicarios de diversos carteles de la droga, decomiso de alijos y alguna que otra detención estelar. Un panorama cuyas líneas, torcidas líneas, se escriben con litros de sangre diluidas en polvo de heroína y cocaína.

Al albur de esta situación se ha ido conformando en México y Estados Unidos un grupo de periodistas y escritores – algunos de ellos incluso han sido asesinados por su trabajo de reconstrucción de un puzle donde autoridades y narcotraficantes están más juntos de lo que debieran – que ha logrado poco a poco conformar un nuevo género que se ha venido en llamar narco literatura y que durante los últimos años, más ahora con el recrudecimiento de la violencia del narco, ha conseguido copar algunos de los anaqueles de muchas librerías.

Alguno de los títulos inclusive ha tenido el honor de ser agraciado con stickers con la palabra best seller.

LA MATERIA PRIMA

El narcotráfico tienen en México unos orígenes complejos aunque sus ingredientes básicos son un coctel, la mayor parte de las veces explosivo, del que forman parte grandes desigualdades en la distribución de la riqueza, una juventud con muy pocas expectativas vitales de poder progresar en la vida si no es poniéndose a sueldo del narco y el tener una frontera común de 3.000 kilómetros con Estados Unidos.

Esto último es importante: una frontera común de miles de kilómetros entre un país casi subdesarrollado – México – al lado de la meca del consumismo y el desarrollismo salvaje, Estados Unidos. La primera potencia a escala mundial es un ávido consumidor de cualquier tipo de materia, ya sea legal o ilegal.

México desde hace muchas décadas se ha convertido en un trampolín por la que pasan, por esa enorme frontera porosa, la cocaína que se produce en Colombia y al mismo tiempo también se ha desarrollado un incesante negocio de paso de inmigrantes ilegales hacia Estados Unidos. Ambas florecientes industrias hacen necesaria muchas manos, que proviene de esa mayoría de la juventud mexicana sin esperanzas de poder obtener una vida digna.

Ese caldo de cultivo – nulas expectativas de poder vivir siquiera con una medida dignidad – es lo que hace que esos jóvenes se vean atraídos por el estilo de vida de los, ya no grandes narcos, sino de los que tienen dentro de sus organizaciones un nivel de mando intermedio: bonitas chicas a su disposición y siempre más de una, camionetas Hummer, avionetas a su disposición y mucho dinero contante y sonante para poder satisfacer todos sus caprichos como botas rancheras del piel de animales exóticos, camisas y trajes de seda y joyas, muchas joyas así como gafas de las marcas más lujosas.

Otro de los factores que atraen a esa juventud mexicana que no tiene otra oportunidad que  escarriarse es el relumbrón social que en México da el ser un narcotraficante. A un adolescente de pocos años le impacta mucho que a los narcos los buscan los políticos, que tienen a sueldo a la policía o que se convierten en personajes respetados y famosos allí donde nacieron.

Estos jóvenes, al menos aquellos que pasan a formar parte de los sicarios del narco, también acaban desarrollando una fuerte tolerancia a la muerte; saben que cualquier día una emboscada del cártel rival o una bala perdida pueden hacer que su vida se agote. Es por ello que suelen vivir cada día como si fuera el último. Por ello también en ellos se hacen muy visibles ciertos pecados (siempre según la cosmogonía cristiana) como el sexo, la gula o la dipsomanía.

Esta convivencia diaria con la muerte hace que la mayor parte sean sumamente religiosos, lo que se nota tanto en que, cuando fallecen por causas naturales para ellos como una bala, sus panteones está profusamente adornados tanto por iconografía cristiana como de religiones precolombinas.

Estos miembros de bandas que trafican con drogas siempre dejan el suficiente dinero como para en caso de fallecimiento que les sea construido un panteón – la mayor parte de las veces de dudoso gusto estético o directamente kitsch – en donde poder ser recordados por aquellos que les amaron y
sobre todo por aquellos que les odiaron por pertenecer a bandas rivales.

Además el ostentoso modo de vida de los narcos produce un efecto entre las inmensas capas desheredado que existen en México. En el narco de éxito lo único que ven es los grandes
coches, las mujeres hermosas, las joyas refulgentes y un gran tren de vida. Además también perciben que muchos de ellos proceden de la misma extracción social que ellos, un lugar donde prácticamente la única manera que existe de progresar es practicando alguna conducta ilegal, ya sea esta el tráfico de drogas o el trabajo de sicario.

Estos jóvenes también son conscientes que la mortandad entre los medios o grandes capos de la droga en México es elevada, pero la realidad es que les da igual; o quizás no. Pero si son conscientes de que la otra opción – permanecer toda su vida en un submundo sin pocas expectativas – no es la mejor.